CARNIVALE.UNA SERIE 9,99
Nos encontramos en una época difícil, rara. No porque lo vea, sino porque lo siento. Mi gran pasión, el cine, me está dejando de lado. Cada vez hay menos películas que merezcan verdaderamente la pena y cada vez más distancia en la aparición de grandes películas que puedan marcar la vida de una persona. La calidad sale muy cara a día de hoy, y parece ser que ni los directores, y mucho menos, los productores, están dispuestos a pagar un precio por ella. Y es que es un momento de "dejadez". Los grandes creadores se conforman cada vez con menos, y nosotros, estúpidos, nos dejamos llevar como si aquí no pasase nada. El cine, como todo, necesita de un cambio, una revolución, y queramos o no, somos el público, el "pueblo", los que tenemos la primera y la última palabra para llevarla a cabo. Y a falta de lo que una vez nos han dado, con lo que nos han hecho disfrutar, sentir, vivir, yo, por lo menos, tengo que buscar algo con que tapar ese hueco que, muy a mi pesar, existe.
Toda mi vida la he pasado hablando de cine, de esta película, de tal director, de aquel guión, e incluso, de esa melodía que tarareas incansablemente día sí, día también. Se ha pasado de un todo a un casi nada. Por eso, un servidor, como muchos otros, se han tirado a buscar esa alegría, una vez creada por lo que fue el cine, en otros medios, y más concretamente, en la pequeña pantalla, o caja tonta (expresión que ahora más que nunca tenga que dejarse de utilizar -aunque no será por las maravillas que nos ofrecen las cadenas por las tardes-). Y es que no hay que ser muy listo para darse cuenta que de unos años para atrás algo está cambiando, o algo ha cambiado. Aunque incluso ahora también la misma se ha unido a esa especie de dejadez que tiene colapsado el cine. Y es que en vez de contarnos nuevas historias, pequeñas pero intensas, nos las prolongan en el tiempo, haciendo una temporada tras otra, tras otra, tras otra... para llegar a un punto en que ni ellos mismo saben cómo acabarlas y por lo que al final nos cansamos de formar parte de esa pequeña familia con la que has llegado a compartir gran tiempo de tu vida. Aunque de vez en cuando, como en todo, surge algo, especial, por pequeño que sea, que te hace ver que aún sigue mereciendo la pena ilusionarse y disfrutar. Y esto es lo que justamente me ha pasado con una pequeñísima serie que muy pocos tienen el placer de conocer, ya sea por falta de interés en llegar a conocerla como por falta de medios debido a los pocos riesgos que corren los mandamases que nos obligan a ver lo que ellos quieren que veamos. Así que, señores y señoras, con todos ustedes, CARNIVALE.
CARNIVALE es arte en estado puro. Una serie diferente, de principio a fin. Creada por la HBO ( parece ser la única que a día de hoy tiene intenciones de aportarnos algo diferente , como por ejemplo, mi queridísima Deadwood ) , consta de sólo 2 temporadas, siguiendo la máxima de que los grandes aromas se sirven en frascos pequeños, y muy lejana a esas series que todos conocemos ( y vemos... que conste) que se van reinventado a lo largo de los años sin tener muy claro cómo han de terminar, y olvidándose por completo de cómo han empezado, exprimiendo por completo sus historias a más no poder , en incluso aprovechando a sus personajes para crear nuevas series que a nadie le interesan.
Y es que todo en CARNIVALE parece que está calculado al milímetro. Sólo con que se vea el capítulo piloto os daréis cuenta de a lo que me refiero. Esta obra maestra ( porque es que realmente lo es ) nos sitúa en la América de los años 30 , en la que un muchacho perdido, Ben Hawkins, un don nadie ( Nick Stahl, el asqueroso humanoide amarillo de Sin City) , es acogido por un pequeño circo en lo que nada es lo que parece, donde todo el mundo sabe más de lo que dice, donde cada personaje, ya sea la mujer barbuda Lila, la adivina Sophie, el pequeño gran jefe Samson, o su capataz Jonesy, forman parte de un "algo" que se nos irá desvelando muy poco a poco, creando una atmósfera mágica en la que todos tienen su grano de aportación. A su vez, se narra la historia paralela del hermano Justin (para mí el gran personaje de esta serie y que ya le ha reportado premios por su maravillosa interpretación al actor que lo encarna, Clancy Brown, visto la película para reivindicar Starship Troopers), la relación con su hermana y sus fieles, y con unos extraños sueños que lo ligan irreversiblemente con la vida del muchacho. Como en todas las grandes historias, CARNIVALE es una lucha entre el mal y el bien, cuya línea divisoria es tan fina que todos los personajes están rodeados de cierta ambigüedad en este aspecto. La salvación no es para nadie, pero la perdición es para todos. Toda la serie respira el aroma de que algo va a pasar a la vuelta de la esquina, algo muy grande, un descenso a los infiernos, paso por paso, capitulo por capitulo, que sin tener nada que ver, me recuerda al que lleva en sus hombros Martin Sheen como protagonista en Apocalipsis Now mientras desciende por el río que lo llevará a su conocido - desconocido destino final. Cada vez más oscuro, cada vez más claro. Así en cuanto historia, CARNIVALE se sitúa a años luz de cualquier película, serie o lo que vosotros queráis que se pueda ver en estos momentos. Lejos quedan los giros argumentales tan ortodoxos que nos hacen perdernos cuando creíamos habernos encontrado. Y que aunque los tiene, llevan tanto tiempo en la superficie que no nos queda más remedio que quitarnos el sombrero y decir, " claro, es lo que tiene que pasar. Por favor, continúen...”.
Es tanta la perfección de su historia central, de sus ramificaciones paralelas , de sus líneas de diálogo, que da miedo imaginarse lo que haría de ella el señor Lucas y su marketing si la tuviesen en sus manos, como tan bien hicieron con la ya, para todos, no tan lejana galaxia. Y es que como en esa, todo está inundado de una imaginería bestial. Un mundo en el que se dan la mano la realidad y la magia, la modernidad y lo antiguo, lo cotidiano y lo inexplicable. Y si bien es cierto que la historia es uno de los puntos más fuertes de esta serie, tampoco es menos cierto que la dirección no le sigue a la par. Ahí es nada, uno de los directores que más influencia han tenido a la hora de construir esta maravilla es Rodrigo García, hijo de Gabriel García Márquez, que tiene en su haber películas tan magistrales como Nueve vidas, e impregna aquello que toca de un gusto exquisito. A años luz queda de las demás series en las que un plano largo, de más de 30 segundos, es una falta de respeto a los espectadores. Nada más lejos, amigos. Es una delicia y un placer perderse por el mundo circense de CARNIVALE, pararse en sus planos, en sus travellings atravesando las roulottes, con un dirección artística y una fotografía que es de lo mejorcito que he podido ver tanto en la televisión como en el cine (y si no, ahí queda el capítulo 6 del 1ª temporada, rodado por dicho director y, para mí, el mejor capítulo de serie que he visto en mi vida).
Y, para acabar, redondeando la serie (9,99, rozando el 10), tenemos a unos actores que consiguen hacer a unos personajes "increíbles", en creíbles. Parece que ya estuviesen ahí, y los filmasen sin que se hubiesen percatado. Todos sin excepción, hacen unas interpretaciones francamente buenas (sobre todo el hermano Justin, impresionante). Grandes actores, pequeñas estrellas.
Todo esto, y mucho más, hacen de CARNIVALE un verdadero placer para los sentidos. Es, sin lugar a dudas, la gran serie de culto de los últimos años, una auténtica genialidad que aunque ahora no se reconozca, el tiempo esperemos que la ponga en el lugar que se merece. Quedáis avisados.
A. Armas
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