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Cría Cuervos

Cría Cuervos

“Comencé mi trabajo en el cine como guionista y comprobé que había una última decisión que no me pertenecía, y una noche pensé por qué no producir aquello que a mí me gustaría ver. Luego el trabajo de producción se me convirtió en una forma de obsesión y de pasión…". Elías Querejeta, es uno de los productores más importantes dentro del celuloide nacional que ha producido más de cincuenta películas, de las que buena parte, han ayudado a la renovación de nuestro cine, tanto en los temas como en la forma, en una época tan convulsa como el franquismo y la transición.

Pero, ¿Qué representa o qué condiciona la figura del productor?, ¿De quién es la autoría de una película? En términos generales, el productor  se encarga de la designación de la realización , de encontrar los lugares, hacer los contactos, buscar la financiación y, en general, de conseguir todos los medios necesarios para la realización de un determinado proyecto. En cuanto a la autoría, parece un tema muy difuso. Truffaut dijo que el único autor de la película era el director, pero si pensamos en derechos de autoría  el film es sólo del productor, ya que todos están en virtud de un contrato  con él. El debate parece abierto, aunque la idea que parece más sensata y sencilla se inscribe bajo un trabajo en  equipo, en el que todas las piezas son primordiales para la elaboración de un producto completo.

            “Hoy en mi ventana brilla el sol, y el corazón se pone triste contemplando la ciudad, ¿Por qué te vas?”.  De esta forma Jeanette nos adentra en este film dirigido por Carlos Saura y producida por Elías Querejeta, un himno a la dureza de la pérdida de la inocencia, una historia que se desarrolla bajo los ojos expresivos de la pequeña Ana en la que la fuerza del recuerdo, la imaginación y el deseo de la muerte, formarán un cóctel metafísico para desarrollar dos realidades tan opuestas como la fantasía y la realidad en el universo de la infancia.

            Enigmática al estilo de una alegoría, Cría Cuervos alterna brillantes escenas costumbristas, como el baile de la hermana conducida por la melodía de Jeanette, o con escenas con ciertos toques de misterio, acentuadas con largos silencios y cortos diálogos que tienen a la pequeña Ana como núcleo central, una niña apacible y a la vez perversa. La visión de la muerte por parte de las tres hermanas transita continuamente en esta película. A través de  saltos en el tiempo podremos visualizar bajo los efusivos ojos  de Ana, la muerte de sus padres y los escarceos del padre que conformarán  este personaje tan enigmático y genial.

            De igual modo que en El jardín de las delicias y El espíritu de la colmena, Cría cuervos nos hace una crítica reflexiva del franquismo que se refleja en esa estructura familiar arcaica  y la caída de la  burguesía en el tramo final del franquismo, si bien en El jardín de las delicias mediante el surrealismo podemos encontrar referencias a la guerra civil y una manifiesta crítica hacia el franquismo, en El espíritu de la colmena el letargo de la España de posguerra aparece en forma de paisaje desolado, un simbolismo que se manifiesta en esas ventanas, en ese “panal”  habitado por los protagonistas.

Respecto a la estructura cinematográfica es destacable el excelente guión y sobre todo los actores, Ana Torent  está espectacular con mayúsculas.  Si ya había sorprendido en 1973 con El espíritu de la colmena, en Cría cuervos se consolida de una forma admirable. Nunca me olvidaré de esa escena en la que sentada en el sillón pone el tocadiscos. ¿Qué piensa?, ¿A quién recuerda?, ¿Qué quieren expresar esos ojos al infinito? También es destacable Geraldine Chaplin, doblada para disimular ese acento tan característico y como no,  Florinda Chico.

Los elementos estéticos constituyen el alma de las producciones Querejeta, y la música un arma de doble filo. Como si fuera una película al estilo de Michael Mann, me quedo con tres ejemplos de secuencias en la que las imágenes son los pulmones y la música el corazón que bombea a toda la película. “Tienen miedo del amor y no saber amar, tienen miedo de la sombra y miedo de la luz, tienen miedo de pedir y miedo de callar…”. Así en una secuencia soberbia  de Héctor  bajo los acordes de Pedro Guerra, nos irrumpe en ese mundo coral y visual donde el pasado atormenta y obstaculiza a los personajes, que coexisten con ese miedo a dar el siguiente paso. En el Jardín de las delicias, “El concierto de Aranjuez” contextualizado con ese paseo por el río, para acabar en  el final tan simbólico y extraño. En Cría cuervos y la ya mencionada “¿Por qué te vas?”, un final delicioso y reflexivo con el diálogo entre las hermanas para acabar dirigiéndose al colegio, bajo la música de Jeanette.

La cámara está soberbia siempre en el sitio apropiado para retratar a la perfección cada rostro. Llamativo ese plano subjetivo de la caída desde la azotea que Amenábar  en Abre los ojos, calcará para que el personaje de Eduardo Noriega abandone ese mundo de sueños para retornar a la realidad.

Saura emociona con esta historia de fantasía y realidad con ese personaje fresco, tranquilo, pero a la vez alocado como es Ana. Una película llena de simbolismo (la abuela que no habla, las patas de pollo en la nevera…), que bajo el sello de Querejeta hacen de ésta una de nuestras  mejores películas.

M.F.Abelenda

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