Nazarín
“Usted en el lado bueno y yo en el malo, ninguno de los dos servimos para nada” así uno de los personajes nos adentra en esta fabula dirigida por “Luis Buñuel” que nos habla sobre el anhelo de un “padresito” que procura ayudar a un mundo ingrato y miserable, un universo donde la caridad o la piedad parece que no tiene cabida. Inspirada en la novela homónima (1895) de Benito Pérez Galdós y ganadora del premio del jurado (1959) en el festival de Cannes nos lleva a la historia de un humilde cura que comparte su pobreza con los necesitados, en su camino a través de la indulgencia y la compasión le acarreara multitud de conflictos que se encararán a su vida cristina y que incitara al espectador preguntarse la posibilidad de la virtud en un mundo actual.
El director turolense nos imbuye en el Méjico de principios de siglo, llena de simbolismo e imágenes sugerentes coloca delante de nuestros ojos un entorno sórdido. El mesón de Chanfa, frecuentada por prostitutas y ladrones será el hábitat de nuestro protagonista que lucha contra esa naturaleza con una única arma la caridad, esta le guiara a un viaje con un incuestionable paralelismo con la vida de Cristo un camino lleno de esa doble moralidad (lo bueno y malo) en la que la maldad del ser humano y la debilidad del bien frente al mal queda patente. Nazarín es claramente una obra sugestiva donde podemos encontrar esas escenas “surrealistas” tan del gusto del director: ese crucifijo que sonríe a la prostituta o el beso que termina en mordisco pero sin ninguna duda la escena que condensa la naturaleza de este film es esa mujer que a las puertas de la muerte, exhalando sus últimos suspiros prefiere el amor terrenal que ponerse en paz con Dios.
La estructura cinematográfica viene marcada por un guión con la colaboración de Julio Alejandro que escandalizo en su época, algo curioso desde una visión actual. Los actores son desconocidos con una pequeña excepción Paco Rabal que escenificara una de las más misteriosas secuencias del filme (aceptar una piña o no) parece algo insulso pero detrás esconde un trasfondo espiritual y de fe en el protagonista, que enmarañara la historia. Los elementos estéticos ocupan un lugar muy importante, la fotografía y la ambientación resaltará la crudeza de ese mundo mezquino, por el contrario la música es escasa y ocupa un lugar secundario. La estructura narrativa viene definida por el movimiento de la cámara y el uso de planos generales, es destacable el plano secuencia en el mesón de Chanfa que colocara y ubicara al espectador dentro de la fábula.
La experiencia con el cine de Buñuel ha sido en mi caso insustancial y claramente insatisfactoria, un film en el que cuesta adentrarse y sobre todo desconcertante en sus incitaciones. Los elementos técnicos parecen descuidados, los diálogos en ocasiones se convierte en una tarea dificultosa a la hora de escuchar lo que en mayor medida daña el visionado pero por otro lado hay esa sencillez en simbiosis con unas imágenes tan sugerentes que unido a esa calidad estética y formal dejan cierto gusto en el paladar del espectador.
M.F.ABELENDA