Blogia
CinemaPararadise

Francis Ford Coppola

La Ley de la Calle

La Ley de la Calle

“El tiempo es una cosa curiosa…un asunto muy curioso. Cuando eres joven, eres un niño, tienes tiempo para todo. Luego pasan un par de años de aquí para allá y no es importante. Pero cuanto más viejo eres más te preguntas: ¿Cuánto tiempo me queda?” Así vemos el mundo de “Rumble Fish”, una metáfora del pez cautivo que no puede vivir en contacto con los demás, un mundo desgarrado por el paso del tiempo y  a la vez un universo romántico  irradiado a través de  la unidad  familiar,  matizado por la desolación y una  violencia sin sentido. Coppola de esta forma, tras el varapalo de “Corazonada”, nos presenta “La ley de la calle”, uno de sus films más experimentales  (la introducción del color  en el blanco y negro),  pero también una obra personal dedicada a su hermano como podemos apreciar al final de los títulos de crédito: “Este film está dedicado a mi hermano mayor August Coppola, mi primer y mejor profesor”.  Un paralelismo con cierta semejanza al protagonista de la historia, Matt Dillon, y su relación con Mickey Rourke.

Película maldita para unos y joya de los 80 para otros, con un tema tan sugerente y tan frecuente como es las películas de adolescentes, ya retratado anteriormente por el propio Coppola en “Rebeldes” (film destinado para las masas), nos encontramos con “Rumble Fish”,  pura filosofía de asfalto rodada en blanco y negro bajo una excusa tan genial  como es el daltonismo del protagonista. Nos encontramos en una atmósfera desértica en un viaje de búsqueda por diferentes cárceles encarnadas en esas calles asfixiantes, descompuestas, oscuras y tristes, deformadas por esa niebla blanca  y negra que contraponen dos mundos que luchan incansablemente, dos mundos distantes por el tiempo pero visibles a través de los ojos de Rusty James, un inadaptado  e inconformista  que quiere revivir el viejo espíritu  de las bandas juveniles y seguir los pasos de su idolatrado hermano, Mickey Rourke, un referente para él,  un mito perdido  atrapado en una pecera de agua sombría.

Respecto a la forma y estructura cinematográfica cabe subrayar a sus actores y sus fascinantes interpretaciones. Nos encontramos un grupo variopinto de los actuales “reyes” de Hollywood: Matt Dillon interpretando a un desavenido y resignado chico,  su hermano interpretado por un hipnótico y magnífico Mickey Rourke, el cual desentraña a una leyenda perdida, tal y como nos recuerda su propio padre “tu hermano no pertenece a este mundo, nació en la orilla equivocada”, interpretado por Denis Hoper,  dando vida a un secundario frágil y entrañable borracho que como no, esconde un lado filosófico capaz de discutir sobre la antigua Grecia en medio de la miseria en que viven. También encontramos al jovencísimo Nicolas Cage, o a la genial directora Sofia Coppola bajo el seudónimo “Domino”, que da vida a la hermana de Diana Lane.

Los elementos estéticos son inconfundibles usando un estilismo en blanco y negro, que junto a la banda sonora, compuesta por melodías modernas y dramáticas, se ajusta a la narración que con un pulso pausado y a la vez ascendente, aporta mayor dramatismo  a ese mundo lleno de violencia  y en descomposición. Los elementos propios vienen establecidos por un uso de planos estáticos de muy bella factura.

Con un final muy poético nos devuelve a la utopía. A semejanza de Michael Corleone sucediendo a Don Vito Corleone, nos encontramos con que Rusty James se va de la ciudad en la moto de su hermano para ver el mar, un proceso de transformación para convertirse en él. Sí ya  el título “Rumble Fish” nos recuerda esa opresión del individuo, es difícil olvidar  uno de los planos finales y significativos del film, el único en que un personaje sale en color: es Rusty luchando con su propio reflejo hasta romper los barrotes de su opresión y alcanzar esa libertad ansiada. Tal es la “filosofía” que nos podemos encontrar en esta obra, que nos hace huir de cualquier estereotipo de los films de adolescentes existentes, presentando  una historia excepcional con unos medios excelentes para regalarnos una obra madura y magistral.

M.F.Abelenda