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Testigo de Cargo

Testigo de Cargo

“Si el cine consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, no ha pagado la factura del gas o ha tenido una discusión con su jefe, entonces el cine ha alcanzado su objetivo”. El cóctel cinematográfico formado por Billy Wilder en el que alterna brillantemente, drama y comedia, disfrazado con una atmósfera misteriosa, tensión y giros inesperados, mantienen al espectador sentado en su asiento absorto, durante 114 minutos.

“Quiero hacer una película de Alfred Hithcock”. Fue la premisa que utilizó para empezar el rodaje de “Testigo de cargo”, con elementos tales como giros insospechados, falso culpable… Son mecanismos  visibles en este drama judicial ataviado con un toque cómico personal del director, que se trasmiten en los personajes y en sus diálogos.

La historia, ubicada en la Inglaterra de 1952, nos adentra en una trama basada en la búsqueda de la verdad, representada en “Charles Laughton”, un prestigioso y tozudo abogado que defiende a “Tyrone Power”, acusado de asesinar a una viuda acaudalada. El misterio se cernirá en este crimen a lo largo de la historia con la participación  de su mujer, “Marlene Dietrich”. La estructura viene fijada por un ritmo ascendente, un guión brillante, con unos diálogos deliciosos que se trasmiten en delirantes secuencias con “Elsa Lanchaster”, o más recónditas y confabuladoras con “Marlene Dietrich”. Es relatada con una intercalación de flashbacks, que ensanchan el enigma del homicidio, contando los acontecimientos previos al crimen; y aderezado con giros sorprendentes que aumentan la tensión hasta un final inesperado y llamativo.

Los actores resultan impecables y convincentes desde el primero hasta el último, cada uno de ellos  con una serie de peculiaridades que aportan una dimensión humana y en algunos casos humorística. “Charles Laughton”, motor del filme, es un abogado cascarrabias que por motivos de su salud y sobre todo por la insistente enfermera “Elsa Lanchaster”, debe renunciar al tabaco y alcohol. Éste posee una serie de  características propias sugestivas: un juego raro con sus pastillas en el juicio, un monóculo que muestra la verdad… “Elsa Lanchaster” por otro lado, severa y seria, provee las situaciones más cómicas de  la película: el bastón con los cigarros, el coñac… “Marlene Dietrich” y “Tyrone Power” aportan el misterio;  ella seca y oscura, él un hombre bondadosa ex militar que después de la guerra no encuentra su sitio. Todo ello forma un catálogo de personajes distintos, excitantes y contradictorios.

La música emotiva llevada a cabo por “Matty Melnech”  ambienta la historia, cabe reseñar “I never go there any more”, interpretada por “Marlene Dietrich”.

La estructura narrativa viene marcada por un estilo “Teatro”, con dos ubicaciones principalmente (sala de juicio y la casa del abogado) realizados con planos largos y encuadres precisos.

Los años han pasado y los thriller judiciales han recorrido nuestras pantallas (“Las dos caras de la verdad”, “Huracán Carter”, etc). Podemos encontrar multitud de similitudes, pero  los pequeños detalles y  contar armónicamente una historia marcan la diferencia,  y una idea  queda clara: la calidad no tiene fecha de caducidad.

M.F.Abelenda

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